lunes, 23 de marzo de 2015

MÁSCARAS.

Me escondo tras una fachada nociva, tras una máscara que oculta mi verdadera identidad, me escondo porque debo esconderme, de lo contrario, perdería el piso cada cinco minutos. Me escondo porque he sido obligado a hacerlo, porque las experiencias me han empujado a encerrarme dentro de mi ser, a enjaularme, a vivir en un estoicismo obligado y  a mostrar una fuerza inexistente. Me escondo tras una máscara que me protege y me roba el aire, resulta paradójico saber  que aquello que me protege de daños humanos también me arrebata mi humanidad, me absorbe la vida, consume mi identidad. Me escondo tras la contra parte de mi yo verdadero, tras mi yo opuesto, mi anti yo. Me escondo tras una máscara que representa todo lo que nunca quise ser, ha sido difícil aceptarlo y mucho más difícil justificarlo ya que mi máscara ha cobrado consciencia propia, actuando a su voluntad y dañando a quienes la rodean. Me he escondido tantos días tras ésta máscara que ahora es ella quien decide mis pasos, empecé usando una máscara y ahora la máscara usa mi ser en beneficio propio ¡QUE EGOÍSTA! no se diferencia mucho de mí. Me he escondido tantas noches tras ésta máscara que al mirarme en el espejo ya no sé distinguir entre ella y yo. Creo que me he convertido por completo en la máscara que usaba, ahora yo soy la máscara, ya no hay máscara, soy yo, todo lo que siempre odié, hoy lo soy. Tal vez es hora de usar otra máscara, tal vez sea hora de usar una máscara que me permita ser yo mismo, suena utópico ¿no?. Lamentablemente la utopía está más alejada de la realidad que la pantomima. 
Me escondo tras una máscara que me protege y me absorbe la vida, ¿y tú? ¿qué máscara usas? ¿de qué te protege?.


domingo, 25 de enero de 2015

DÍAS LARGOS.

Las horas pasan, los minutos corren, los segundos se atropellan y la vida languidece a causa suya. Mis piernas trémulas se mueven automáticamente, mis pies se arrastran en un intento desesperado por parar de una maldita vez. Mis brazos caídos rebotan con cada paso, sin moverse demasiado pues la tensión los paraliza casi por completo. Mis dedos cuelgan mortecinos, pendiendo de mi mano fría, dura, temblorosa. Cortinas de hierro pesan sobre mis párpados, las pupilas hinchadas absorben la luz a mi alrededor, vasos sanguíneos en mis ojos se dilatan y la lengua se pega a mi paladar. El THC comienza a provocar el sopor que me aleja de las ideas suicidas y depresivas. Ya estoy en la escuela y no recuerdo haber llegado, me quito los audífonos, salgo de mi mundo de hip hop, ritmos y poesía, abro un libro para evitar el contacto con mis compañeros, ni siquiera los miro y no es soberbia, su estupidez me aturde y prefiero alejarme ufanandome en mi supuesto intelecto superior. Las letras son absorbidas por mi mente mientras mis piernas reposan ansiosas por moverse, las hojas corren unas tras otras, el sopor desaparece al calor del sol de medio día. ¡Ay señor! ¿Qué tan viejo es mi espíritu, que se fatiga antes de que reluzca en la cumbre el sol? Siento que eternidades pasan, una y otra, y otra y otra. Aparto mis ojos del mundo en busca del consuelo divino que aviva corazones y siembra amor en el espíritu, me desengaño y mi mirada ácida recae sobre el primer ser que pasa frente a mí, lo desprecio, lo repugno, lo odio y ni siquiera lo conozco. El reloj sigue andando sin prisa alguna.TIC.....TAC.....TIC.....TAC .....TIC.....TAC. Es un martirio el martilleo constante y pausado del tiempo aletargado. Grito pero nadie escucha mis alaridos, mi voz se desgarra pero nadie a mi alrededor lo nota, mi espíritu grita pero mis labios permanecen sellados. Inhumo mis frustraciones y sereno mi cuerpo. TIC...TAC...TIC...TAC. El tiempo se acelera al mismo instante en que mis pulmones reconocen su aroma indeseable indescriptible. Bajo la mirada, en busca de escapar de su mirar, sin embargo mis ojos necios la buscan desesperados por avistarla. Su silueta se dibuja a la lejanía.TIC TAC TIC TAC TIC TAC TIC TAC TIC TAC TIC TAC TIC TAC TIC TAC TIC TAC TIC TAC TIC TAC TIC TAC TIC TAC TIC TAC TIC TAC TIC TAC TIC TAC TIC TAC TIC TAC TIC TAC.Miro sus ojos gigantescos en total ignorancia de que estoy ahí, pasa de largo y bajo la mirada apretando los labios con los ojos humedecidos. Como la amo la odio. Me levanto y desganado camino hacia el salón de clases, no padezco claustrofobia pero estar encerrado me irrita en demasía. Cierro los ojos hasta que ha terminado el día. La luna me saluda con su luz opaca, me dice que vaya a casa y charlemos un poco. Hablamos de la vida y de la muerte, hablamos del placer de aquellos que gozan vivir y del placer de aquellos que buscan la muerte. Se va y me acuesto. Pienso que mañana será otro día y que si Dios existe, se irá la monotonía. Cierro los ojos, sueño. Morfeo me da la espalda y me recuesto en el limbo. A veces ni soñar trae la tranquilidad, me digo a mí mismo.