domingo, 23 de noviembre de 2014

Atrapado

Prejuicios como paredes de acero que acorralan mi libertad. Todo está oscuro y el ambiente es húmedo, el agua se filtra por pequeñas grietas llamadas errores y el nivel del agua sube tras cada fracaso. Miedos como cadenas que someten mis extremidades, intento levantar mis brazos y sólo consigo lastimar mis muñecas. Intento gritar suplicando ayuda pero estoy amordazado con un "¿qué dirán?" gigantesco, tan grande que mi mandíbula me duele y comienzan a quebrarse mis dientes. El espacio de mi celda es reducido, sólo logro mover la cabeza de un lado a otro. El nivel del agua sigue subiendo de manera alarmante, casi me llega hasta los hombros, no debe ser tanto, estoy hincado. En un estúpido intento de que alguien me escuche intento gritar, aprieto la mandíbula y mis dientes superiores se separan de la encía. Me deshago en lágrimas de desesperación mientras soledad pasa de la mano de la muerte, mirando el interior de mi celda con expresión funesta que me hiela la piel. Me pregunto si habrá alguien cerca que escuche mis alaridos ahogados, o alguien a lo lejos que escuche mis murmullos plañideros. Me pregunto si al menos existirá alguien en éste lugar. Me pregunto ¿qué es éste lugar? El agua asciende hasta mis labios y me esfuerzo por cerrar la boca y respirar por la nariz, pero el estrés me lo impide y empiezo a tragar bocanadas de agua helada. El nivel asciende hasta mis ojos y  el agua empieza a invadir mis pulmones, que duelen por su presencia. Me estoy ahogando, me siento desesperado por vivir. No he muerto aún, el pecho me duele, siento la desesperación del borde de la muerte. Han pasado casi un día, o eso creo porque aquí no hay tiempo, desde que el agua entró a mi ser. Sigue doliendo, mi cuerpo se ha inflado por el exceso de agua. Forcejeo inútilmente en busca de liberarme, mis cadenas pesan y estrangulan mis brazos y piernas, el agua quema y las grietas crecen. Estoy atrapado.

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